Bien, si has leído las últimas lecciones de este curso, ya tienes en tu mano los conceptos técnicos básicos necesarios para comenzar a manejar la luz, así que no hay excusas para que tus próximas fotografías estén bien expuestas y, al menos, no tengan mala pinta. Lo que ocurre es que tú eres una persona que no se conforma con lo básico y quieres sacar grandes fotos de tus chavales. Para eso, a todo lo que has aprendido hasta ahora, debes añadirle un ingrediente fundamental: la composición.
La composición en fotografía no es más que la organización armónica de los elementos que incluyes en el encuadre, igual que un pintor decide qué pintar en el lienzo en blanco cuando comienza un cuadro. Puede que seas hábil en el manejo de la cámara y que tu fotografía esté bien enfocada y perfectamente expuesta, pero no llegará a ser una buena fotografía si la composición no es correcta. Por esta razón, conocer y dominar las reglas de composición (al menos las básicas), te ayudará a conseguir que tus fotografías mejoren notablemente y a que el mensaje que deseas transmitir con ellas sea más fácilmente entendible.
En la lección de hoy, te explicaré algunas de las reglas de composición más conocidas, para que puedas estudiarlas y ponerlas en práctica. Comencemos…
1) La regla de los tercios
Puede que tu primer instinto al coger la cámara para sacarle una foto a alguno de tus hijos sea ponerle justo en el medio del encuadre. Bien, no está mal, pero déjame que te cuente que los antiguos griegos descubrieron hace ya varios miles de años que a tu cerebro le gusta que las cosas que queremos resaltar se encuentren en los puntos de intersección de las líneas que dividen el encuadre en tres partes, tanto horizontal como verticalmente (esto se relaciona directamente con las mates, la razón áurea y su presencia en muchos elementos de la naturaleza y del arte, pero este tema, aunque me apasiona, lo dejaremos para otra ocasión…). Pues bien, si dispones a tus sujetos en dichos puntos, la fotografía, aunque asimétrica, resultará más equilibrada. De forma similar, esas líneas imaginarias que dividen el encuadre en tres partes suelen ser adecuadas para disponer sobre ellas, por ejemplo, los horizontes en una fotografía de paisaje o los ojos de la persona que estés retratando.
Probablemente, esta sea una de las reglas más básicas de la composición fotográfica, y una de las más fáciles de aprender… y de romper, aunque para eso, lo mejor suele ser esperar a practicarla tanto que la domines con los ojos cerrados y, cuando ya te hayas convertido en un genio como Stanley Kubrick o Steve McCurry, saltártela con desparpajo y volver a colocar a tu chaval en medio del encuadre. Eso sí, hazlo bien, como Kubrick, y respeta que la simetría sea tan absolutamente perfecta que dé hasta miedo…
2) La regla de la mirada
Bien, como ya eres un experto en descentrar sujetos, es hora de que aprendas dónde colocarlo en función de hacia dónde mira y de lo que quieras expresar con tu fotografía. Lo más habitual es que, si quieres obtener una imagen agradable, dispongas al sujeto de forma que dejes más espacio por delante del sujeto que por detrás de él.
Esto, que es muy sencillo de hacer, tiene un par de matices. Ocurre que los occidentales leemos de izquierda a derecha, así que si el sujeto mira hacia la derecha, asimilamos de manera inconsciente que vislumbra el futuro o piensa en el porvenir. Sin embargo, si mira hacia la izquierda, nos dará una sensación algo melancólica o de añoranza del pasado.
Pero… ¿qué ocurre si la tarde que quieres hacer el gran retrato de tu chaval, él no tiene un buen día y está cansado, un poco triste o apático? En ese caso, puedes optar por disponer su figura junto a uno de los bordes del encuadre. Evocarás entonces una sensación de rechazo, incomodidad u opresión. Puede que la imagen resulte algo inquietante y no tan agradable o serena como en un primer momento deseabas, pero conseguirás transmitir un mensaje diferente e interesante. Todo dependerá de las emociones que pretendas producir en quien observe tu fotografía.
3) Horizontes horizontales (que por algo el horizonte se llama así…)
Cuando vayas a hacer una foto de los críos mientras juegan en la playa o en la que se vea el mar de fondo, presta especial atención a que el horizonte no quede levemente caído, porque produce una desagradable sensación de inestabilidad y desequilibrio. En caso de que quieras hacer una foto con el encuadre inclinado, lo que se conoce como plano holandés, hazlo con todas las consecuencias. Aunque en principio no lo recomiendo porque es difícil de dominar, es cierto que si lo haces de forma intencionada (inclinando la cámara entre 25 y 45 grados) y conociendo los efectos que produce, puedes obtener fotografías con un componente dinámico atractivo.
4) Vigila el fondo
No, no hablo de que tengas cuidado con los tiburones mientras nadas en el mar, sino de que incluso antes de elegir el sujeto a fotografiar debes escoger con sumo cuidado el fondo sobre el que quieres fotografiarlo. Lo más adecuado es que utilices fondos sencillos, que no distraigan del motivo principal y ayuden a resaltarlo. Para eso, lo mejor es que hagas un poco de ejercicio y te muevas alrededor del sujeto buscando ese encuadre limpio. Puede que tengas que agacharte para buscar el fondo sencillo del cielo o incluso subirte a un punto más alto para utilizar el suelo. No obstante, puede que el entorno sea excesivamente caótico y te resulte complicado encontrar un fondo sencillo. En tal caso, un recurso fácil y rápido es abrir el diafragma para lograr un desenfoque potente del fondo. Eso sí, recuerda lo que te expliqué en la lección sobre la apertura del diafragma y sus efectos (link interno a capítulo anterior).
De forma similar, el uso de fondos que contrasten con el sujeto principal ayudará a que tus fotografías se lean más fácilmente y resulten más atractivas. Así, si quieres sacar una foto a tu chaval un día que vista una camiseta oscura, puede ser una buena idea pensar en utilizar una pared de color claro para conseguir ese contraste.
5) Rellena el encuadre
Algo que todos hemos hecho mal al sacarle una foto a alguien es colocarlo bien centradito, con la cara justo en el medio del encuadre… y mucho aire a su alrededor. Como ya te he dicho, la regla de los tercios nos aconseja que descentremos al sujeto, pero lo que no debes olvidar hacer es acercarte lo suficiente para que el retratado cobre la importancia que se merece dentro de la fotografía. Eso sí, puede que tu intención sea justo la contraria, es decir, mostrar la diferencia de escala del sujeto que fotografías respecto al entorno que le rodea y transmitir un sentimiento de soledad o melancolía. En tal caso, la lejanía podría jugar a tu favor.
6) Enmarca a los sujetos
Debes procurar, sobre todo en entornos algo complejos, que tus sujetos queden enmarcados en algún espacio limpio del encuadre, de forma que ningún elemento interfiera con su figura o parezca estar clavado en su cabeza. Una manera fácil de conseguirlo es imaginando una burbuja alrededor de su cabeza en la que no puede entrar ningún elemento del encuadre. Esto permitirá que tus sujetos puedan identificarse de forma más clara y directa y no pierdan la importancia que merecen.
7) El poder del tres
A pesar de que cuando ibas al cole de pequeño aquello de las mates y la geometría no te atraía demasiado, es bien conocido que a tu cerebro (sí, al tuyo también) le gustan los triángulos y también los números impares (pero esa no es la razón por la que tengo tres hijos, o tal vez sí, ya no sé…). Efectivamente, a lo largo de la historia, hay numerosos ejemplos de pintores que han utilizado los triángulos para organizar las composiciones de sus cuadros. La fotografía, lógicamente, como prima hermana de la pintura, utiliza también estas mismas estrategias. No obstante, reproducir este tipo de composiciones de manera espontánea con sujetos no dirigidos (como tus chavales, que no se están quietos ni aunque les sobornes con ración doble de patatas fritas de por vida…) es algo difícil de conseguir. No desistas, con esfuerzo y práctica lo conseguirás y lograrás hacerlo de forma natural.
8) Busca patrones… y cuando los hayas encontrado, rómpelos
A tu cerebro le gustan los patrones, así que incluir en tus fotografías elementos que se repiten de forma sucesiva hará que tus imágenes resulten visualmente atractivas. Pero aunque a tu cerebro le gusten los ritmos ordenados, le gusta aún más que de vez en cuando le des una sorpresita. Por este motivo, si rompes esos ritmos con algún elemento de distorsión, toda la atención recaerá sobre ese elemento disruptivo. Será como si le contaras un pequeño chiste a tu cerebro, y te aseguro que le harás reír…
9) Utiliza líneas maestras
El mundo, y los entornos urbanos aún más, están llenos de líneas que puedes usar para dirigir la atención hacia los sujetos que aparecen en tus fotografías. A veces, el ojo humano es un poco vago y le gusta que se lo pongan fácil, así que si empleas la geometría a tu favor, conseguirás fotografías mucho más agradables y fáciles de leer.
10) Estudia las normas, practícalas y, por fin… ¡ríete de ellas y mándalas al carajo!
Las normas de composición son herramientas conocidas que te pueden ayudar enormemente a conseguir mejores fotografías. Eso sí, una vez que las hayas aprendido, las hayas puesto en práctica cientos de veces e interiorizado por completo, lo interesante es que experimentes qué ocurre cuando te las saltas. Si lo haces, comenzarás a jugar, a divertirte aún más y puede que, si las musas te miran con cariño, de vez en cuando vengan a visitarte y, poco a poco, consigas encontrar un estilo, una manera de contar cosas interesantes con tu cámara de fotos. Y aunque eso no ocurra, no te preocupes, porque lo importantes es que, mientras tanto, habrás hecho muchas fotos y habrás disfrutado del camino.
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