¡Hola de nuevo! En la lección anterior te hablé sobre el objetivo de tu cámara y hoy toca que te cuente algo sobre una de sus partes más importantes, el diafragma, y cómo haciendo un uso inteligente de él, conseguirás que tus fotografías puedan comunicar cosas muy diferentes. Antes de seguir, he de decirte que, aunque los conceptos que te explicaré a continuación son válidos para cualquier tipo de cámara que tengas, lo mejor sería que la tuya permitiera controlar ciertos valores de forma manual o, al menos, semiautomática, que siempre da mucho más juego y es más divertido (ten a mano a tu mejor amigo, el manual de tu cámara, para saber qué botón apretar o qué ruedita mover…). ¿Preparado? Pues empecemos con la tercera lección del Curso de Fotografía para Padres: el diafragma.
El diafragma es un dispositivo dentro del objetivo que regula la cantidad de luz que entra a la cámara y que acaba incidiendo finalmente en el sensor, en el caso de una cámara digital, o en la película, en el caso de una analógica. Allá por el pleistoceno fotográfico, el diafragma no era más que una placa con un agujero de diámetro fijo. Afortunadamente, la cosa evolucionó y actualmente el diafragma está compuesto por una serie de aletas móviles que permiten modificar el diámetro del orificio por el que entra la luz, haciendo que éste pueda ser más grande o más pequeño.
La mayor o menor abertura del diafragma se conoce como apertura, y se especifica con unos valores que se denominan números f (tranquilidad, que aunque en esta lección hay algunos numeritos, acabamos en seguida y no vamos a volvernos locos…). Estos números f se ordenan según la siguiente escala:
1 – 1,4 – 2 – 2,8 – 4 – 5,6 – 8 – 11 – 16 – 22 – 32… de manera que el salto de un valor al siguiente se le llama paso.
¿En qué se traduce todo esto que te acabo de contar? Pues en algunos conceptos muy sencillos pero muy importantes:
a) Cuanto más pequeño es el número f, más grande es el agujero y más cantidad de luz entra en la cámara. Al contrario, cuanto más alto es el número f, más pequeño es el agujerito y menos luz entra.
b) La cantidad de luz que deja pasar el diafragma a un determinado número f de esa escala es la mitad que la que entra con el anterior número f y el doble de la que entra con el siguiente. Es decir, a f5,6 entra la mitad de luz que a f4, pero el doble que a f8.
Y ya casi hemos acabado con los números…
Así que, a grandes rasgos, el diafragma de tu cámara actúa como la pupila de tus ojos: en penumbra, cuando vas medio zombie a ver por qué protesta tu hijo a las 3 de la madrugada y hay poca luz, se dilata, para que puedas verle mejor; por el contrario, cuando estás a pleno sol haciendo un castillo de arena en la orilla de la playa, y hay mucha luz, tu pupila se cierra, para que no se te queme la retina y no te quedes ciego…
Ahora te preguntarás… “bien, ¿y cúanto puedo abrir el diafragma de mi cámara?”. La luminosidad de un objetivo, es decir, la apertura máxima a la que se puede abrir el diafragma, viene especificada en los números grabados en el frente del mismo, y generalmente se anotan después de la distancia focal. Suele ser muy habitual que los objetivos zoom de las cámaras dirigidas a usuarios, tanto las réflex como las compactas, tengan una apertura máxima variable. En ese caso, el número f más bajo corresponde a la menor distancia focal, y el número f más alto corresponde a la mayor. Por ejemplo, en un zoom 35-70 mm / f3,5-4,8 podrás abrir el diafragma hasta un máximo de f3,5 si fijas su distancia focal a 35 mm; mientras que sólo podrás abrirlo a un máximo de f4,8 si utilizas los 70 mm.
No obstante, los objetivos zoom de gama alta suelen habitualmente permitir una apertura máxima constante, como por ejemplo un 24-70 mm / f2,8. En general, cuanto más luminoso sea un objetivo zoom, más grande, más pesado y más caro será. Por otra parte, los objetivos de distancia focal fija suelen tener una apertura máxima constante y mayor que los zooms (números f más bajos), como por ejemplo el 50 mm / f1.4. Y como ya te dije en el capítulo anterior, en general, son más ligeros y más baratos. El principal beneficio de los objetivos muy luminosos es que necesitan menos cantidad de luz para poder tomar una fotografía, por lo que te permiten hacer fotos en ambientes más oscuros.
Ahora puede que te estés preguntando… “vale, pero ese f3,5 de mi zoom no está en la escala que has nombrado antes…”. Cierto. Esto es debido a que no siempre te interesará que entre el doble de luz si abres un paso entero tu diafragma, así que existen pasos intermedios que te permiten ajustar la apertura de diafragma para regular con más precisión la cantidad de luz que entra en tu cámara. Este es el motivo de la existencia de aperturas como f3,5 – 5 – 7,1 – 13… Aunque no son universales, es muy habitual que las cámaras permitan pasos intermedios de 1/3 de diafragma. Así, el camino para pasar de f4 a f5,6 se convertiría en f4 – f4,5 – f5 – f5,6.
Y ya no hay más números…
Otro concepto muy importante asociado a la apertura de diafragma es el de la profundidad de campo, que es la cantidad de espacio que queda razonablemente enfocada por delante y por detrás del sujeto que estás fotografiando. Cuanto más grande sea la apertura de diafragma que utilices (número f bajo), menor será la profundidad de campo. Por ejemplo, si le haces un retrato a tu hijo pequeño, que está merendando un bocata de chorizo a 2 ó 3 metros de distancia con el diafragma abierto a f2,8 y tu otro hijo se pone justo delante de la cámara, la cara del enano aparecerá tan desenfocada que costará identificar el sujeto en primer plano.
Al contrario, cuanto menor sea la apertura de diafragma (número f alto), mayor será la profundidad de campo. Así, si haces una foto del paisaje de tu última excursión playera con el móvil, que tiene una apertura de diafragma pequeña, verás enfocado y muy nítido todo o casi todo lo que entre dentro del encuadre.
La utilización de números f bajos o altos puede influir notablemente en el mensaje que quieras transmitir con tu fotografía. Por ejemplo, en el caso del retrato anterior, si empleas un número f bajo para obtener una profundidad de campo reducida, tu sujeto resaltará de su entorno y cobrará un notable protagonismo.
Sin embargo, puede que te interese retratar a tu sujeto en un ambiente determinado que aporte información importante acerca de quién es, dónde y con quién está, qué está haciendo… y entonces puede que desees optar por un número f más alto, de forma que su entorno sea más identificable y aporte más información.
Como ves, la decisión es tuya, y no hay soluciones genéricas buenas o malas, sino que depende de la situación (de luz, de espacio, de actividad…) en la que te encuentres. Eso sí, has de tener muy en cuenta dos cosas:
a) En el caso de que utilices diafragmas cerrados (típico de cuando sacas una foto con el móvil o una cámara compacta), deberás estar muy atento a todos los elementos que rodean a tu sujeto, porque serán muy identificables y puede que, si no los controlas, te arruinen la foto, como en el caso de que fotografíes a tu hijo en un entorno urbano y le asome una farola o un árbol por detrás de la cabeza. Para llevar peinetas con estilo ya está La Martirio…
b) En caso de que optes por diafragmas abiertos, ten precaución con el enfoque, sobre todo si bajas hasta f1,4 ó 1,8, porque la profundidad de campo es muy crítica. Por ejemplo, en el caso de un primerísimo primer plano en el que, en principio, la pupila del ojo debe ser lo que esté enfocado (a no ser que busques un efecto especial concreto…), puede que cualquier movimiento tuyo o del sujeto hagan que el punto de enfoque se desplace hacia el fondo, el frente, la nariz… provocando que aquello que querías nítido no lo esté y que la fotografía no quede como esperabas.
No obstante, debes tener en cuenta que la profundidad de campo no depende sólo de la apertura del diafragma. Así, a una misma apertura, la profundidad de campo será menor si el sujeto se encuentra próximo a la cámara, y mayor si se encuentra alejado de ella. Del mismo modo, a misma apertura y misma distancia del sujeto, los objetivos angulares (16 mm, 28 mm, 35 mm…) proporcionan una profundidad de campo mayor que los teleobjetivos (85 mm, 135 mm, 200 mm…). Así mismo, los sensores de formato completo (24×36 mm), proporcionan una profundidad de campo menor que los sensores pequeños (APS-C, micro 4/3, teléfonos móviles…). En internet puedes encontrar herramientas y apps (www.dofmaster.com) que te permitirán calcular la profundidad de campo en función de la distancia focal, la apertura de diafragma, la distancia a la que se encuentra tu sujeto y el tamaño del sensor.
Mientras le das vueltas a todo lo que te he contado, te dejo tres ejemplos de una escena cotidiana tomada a tres diafragmas distintos para que veas los efectos que te he comentado. La primera de ellas está tomada a f2,8 ; la segunda, con el diafragma cerrado dos pasos, a f5,6 ; y la tercera, con el diafragma cerrado otros dos pasos, a f11. Como verás, el aspecto de cada toma es muy distinto y permite lecturas diferentes también. Personalmente, las aperturas de diafragma que más empleo suelen estar en torno a f4, porque permiten que los elementos que aparecen en la imagen sean identificables, pero aportan un desenfoque agradable también. ¿Cuáles son tus preferidas?
Así que, ahora, lo único que te queda es coger tu cámara, salir a la calle y experimentar y a ampliar tu campo creativo con las herramientas que te acabo de dar. Pero, sobre todo… ¡disfruta de la fotografía!
Ahora te toca a ti…
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