En la última entrega de este curso te di los conceptos básicos que rigen la exposición correcta de una fotografía. Sin embargo, el tema tiene chicha suficiente como para dedicarle una segunda lección (y probablemente una tercera también, aunque con ésta considero que será suficiente…), así que aquí me tienes, dispuesto para remachar un par de nuevas ideas que terminarán de darte la información necesaria para que claves la exposición de tus fotos. ¿Preparado? Pues vamos con la segunda parte de esta importante lección: la exposición (II).
Como ya te dije, y tú mismo también te habrás dado cuenta, las cámaras digitales que cualquiera usamos habitualmente, aunque sean las del móvil, son auténticas maravillas de la tecnología. Y en esencia, en lo que a la exposición respecta, todas funcionan de la misma manera: realizan una medición de la luz existente en la escena que vas a fotografiar, y determinan cuáles son los parámetros adecuados para obtener una correcta exposición. Evidentemente, las cámaras de alta gama son mucho más precisas a la hora de evaluar esa exposición, pero todas pueden cometer el mismo error. Ahora mismo te lo explicaré…
Resulta que el fotómetro de la cámara está programado para considerar que todo bicho viviente que se le ponga delante puede ser considerado de un color gris medio. ¿Qué significa eso? Técnicamente, el gris medio es un color gris que refleja el 18% de la luz que recibe y absorbe el 82% restante. Sin embargo, aunque estos valores son generalmente correctos para la mayor parte de los tonos de piel y gran parte de situaciones cotidianas, hay algunas excepciones bastante frecuentes que harán que tu fotómetro se equivoque con facilidad.
Por ejemplo, si tu crío está delante de una pared blanca, mientras juega con Spiderman y Hulk y tú le vas a sacar una foto, el fotómetro de tu cámara pensará que esa escena entra dentro de ese aburrido gris medio, y ajustará los parámetros de la exposición para que el resultado sea una foto gris. Pero la cruda realidad es que, además de que el pobre Spiderman no tiene nada que hacer contra Hulk, la pared es blanca así que deberás rectificar la medición del fotómetro de la cámara y obligarle a sobreexponer la fotografía. Para ello, deberás abrir el diafragma, bajar la velocidad de obturación o subir la sensibilidad ISO en la medida necesaria para que el blanco sea blanco y no gris.
De la misma manera, si el que se enfrenta a Hulk es Batman en vez de Spiderman y quisieras hacerle un retrato al hombre murciélago antes de que empiece a darse de tortas con el hombretón verde, el fotómetro de tu cámara evaluaría la negrura de su traje como un soso gris medio, así que deberás obligar a tu cámara a subexponer la fotografía. Para ello, cerrarás el diafragma, subirás la velocidad de obturación o bajarás la sensibilidad ISO tanto como sea necesario para que el negro se vea negro y no parezca que Batman lleva el traje ajado.
Algo similar a esto ocurre en situaciones relativamente frecuentes como los contraluces. Por ejemplo, si te dispones a retratar a tu hijo mientras come pelotazos una tarde de verano, en una zona de sombra junto a un lago, es probable que el fotómetro de tu cámara quede un poco cegado por la cantidad de luz que le llega del fondo y exponga correctamente para esa gran cantidad de luz, con lo cual tu chaval quedará subexpuesto. En este caso, si quieres que la cara del niño se vea correctamente expuesta, deberás sobreexponer tu fotografía; o bien, podrías optar por una solución radical y hacer una silueta perfecta… o podrías usar el flash, pero eso es otra historia y la contaremos en otra ocasión…
En la actualidad, las cámaras digitales presentan la enorme ventaja de poseer una pequeña pantallita en la que puedes comprobar de manera inmediata si el resultado de la fotografía que acabas de tomar es el que buscabas. Además de esto, la mayoría de las cámaras son capaces también de mostrar el histograma de la fotografía, que no es más que un pequeño gráfico que indica los niveles de tonos negros, sombras, tonos medios, altas luces y blancos que existen en la fotografía. No obstante, aunque entenderlo y usarlo puede resultar útil en determinadas situaciones, no es ni mucho menos imprescindible para obtener una correcta exposición en tus fotografías.
Así que, ya sabes, como siempre te digo, lo mejor que puedes hacer para entender la exposición y sus pequeños secretos es salir a la calle a gastar la suela de tus zapatos y poner en práctica estas cosas que te acabo de contar. ¡Buenas fotos!
Ahora te toca a ti…
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