¡Hola otra vez! Hace un par de semanas te conté los conceptos básicos relacionados con la apertura del diafragma y las posibilidades expresivas que nos ofrece. ¿Has salido a la calle y has hecho pruebas para entender cómo funciona? Espero que sí… recuerda que de nada sirve la adquisición de conocimientos si después no los llevas a la práctica. Estoy seguro de que poco a poco estás haciendo grandes progresos. ¡Bien por ti! Esta semana toca hablar sobre otro concepto que, junto con la apertura, permite empezar a vislumbrar el cóctel que permitirá que llegue la cantidad de luz correcta al sensor de tu cámara para que tus fotos queden correctamente expuestas. Al igual que en el capítulo anterior, a pesar de que los conceptos que te explicaré a continuación son válidos para cualquier tipo de cámara que tengas, es preferible que la tuya te permita controlar ciertos valores de forma manual o, al menos, semiautomática, para poder comprobar por ti mismo todo lo que te voy a contar. ¿Preparado? Pues vamos a por la cuarta lección del Curso de Fotografía para Padres: velocidad de obturación.
La velocidad de obturación es el tiempo durante el cual está abierto el obturador de una cámara fotográfica, es decir, el tiempo durante el que está llegando luz al sensor de la cámara (o al negativo, en el caso de una cámara analógica). En caso de que utilices velocidades altas, dejarás que la luz incida en el sensor durante muy poco tiempo, con lo que conseguirás congelar el movimiento del sujeto que estés fotografiando.
Si, por el contrario, optas por velocidades bajas, la luz estará llegando al sensor durante más tiempo y obtendrás imágenes movidas que proporcionan una mayor sensación de movimiento. Si la velocidad que eliges es demasiado baja, deberás emplear un trípode si no quieres que tu fotografía quede trepidada, o como suele decirse comúnmente, movida.
Los valores de la velocidad de obturación se expresan en segundos y fracciones de segundo. De esta manera, en las cámaras profesionales, estos valores de la velocidad de obturación oscilan habitualmente entre los 30 segundos y 1/8000 de segundo, es decir, un rapidísimo abrir y cerrar de ojos. Al igual que ocurría con los números f en la apertura de diafragma, la velocidad de obturación suele nombrarse con unos números estándar en serie, cada uno con un valor equivalente a la mitad o el doble que el anterior o posterior:
… 1/1000 – 1/500 – 1/250 – 1/125 – 1/60 – 1/30 – 1/15 – 1/8 – 1/4 – 1/2 – 1″ – 2″ … (la serie puede continuar por ambos lados siguiendo la misma regla…)
De forma similar a como ocurría con los números f, el salto de un valor al siguiente se le llama paso y la cantidad de luz que atraviesa el obturador a una determinada velocidad de obturación es la mitad que la que entra con la siguiente velocidad de obturación y el doble de la que entra con la anterior. Es decir, durante 1/30 de segundo entra la mitad de luz que durante 1/15 de segundo, pero el doble que durante 1/60. Dado que no siempre te interesará que entre el doble de luz, existen velocidades intermedios que te permiten regular con más precisión la cantidad de luz que entra en tu cámara. Este es el motivo de la existencia de velocidades como 50 – 320 – 640 – 1250… Es muy habitual que las cámaras permitan pasos intermedios de 1/3 de diafragma. Así, el camino para pasar de 1/250 a 1/125 se convertiría en 1/250 – 1/200 – 1/160 – 1/125.
Y, de nuevo, ya casi se han acabado los números…
El valor de la velocidad de obturación que elijas para hacer tus fotos dependerá únicamente de ti y del resultado que quieras obtener, pero deberás tener en cuenta algunos datos básicos:
a) La velocidad de obturación que se considera crítica para que una persona que desarrolla una actividad normal no aparezca movida es de 1/250.
b) Aunque los niños también sean personas (reconozcámoslo, sólo algunos, otros son auténticas bestias pardas…), la regla anterior no les es aplicable porque se mueven mucho y muy rápido, por lo que es aconsejable que utilices una velocidad de 1/500 cuando les hagas fotos a tus monstruos.
c) Cuando hagas fotos de un paisaje, arquitectura o cualquier sujeto o persona quieta (muy quieta…), debes tener en cuenta que la velocidad mínima de obturación que debes utilizar para que tu fotografía no quede movida es el inverso de la distancia focal que estés empleando en ese momento. Es decir, si estás tomando una fotografía con un objetivo de 50 mm de distancia focal, la velocidad mínima de obturación que deberás emplear para que tu foto no quede trepidada deberá ser 1/50. No obstante, actualmente, gran parte de los objetivos que se comercializan incorporan estabilizadores de imagen que permiten obtener fotografías nítidas con velocidades de obturación de hasta 3 pasos (incluso más…) por debajo de lo recomendado. Es decir, que si estamos utilizando un teleobjetivo de 135 mm y, en teoría, deberíamos disparar como mínimo a 1/125, esos mecanismos nos permitirían tomar una fotografía nítida a una velocidad de 1/15 sin trípode. Maravillas de la técnica…
d) No todos los movimientos son igualmente congelables. Así, es más sencillo detener la acción de un niño que se te acerca corriendo que la de otro que cruza delante de ti de un lado a otro.
e) Aunque no te lo recomiendo, excepto en ocasiones particulares, puede que desees emplear velocidades bajas para transmitir sensación de movimiento. Ten en cuenta que esto lo puedes hacer de dos maneras: bien quedándote quieto y dejando que el sujeto aparezca difuminado, o bien siguiendo la trayectoria del sujeto que está en movimiento y haciendo que sea el entorno lo que aparezca movido. Ten en cuenta que es importante que el sujeto ha de ser reconocible para poder realizar una adecuada lectura de la foto. Aunque son situaciones muy específicas y no es fácil obtener buenos resultados, no dudes en hacer cuantos experimentos creas necesarios para obtener el resultado que buscas.
Como ya te habrás dado cuenta, han sido varias las ocasiones en las que ha surgido el concepto de la “fotografía trepidada”, o sea, de la foto movida. Conviene aclarar que no es lo mismo una foto movida que una foto tomada a una velocidad alta pero en la que el sujeto se movía tan rápido que ha terminado por aparecer movido. En el primer caso, el que se ha movido eres tú; en el segundo, el sujeto.
Para evitar que tus fotos aparezcan trepidadas, además de emplear velocidades adecuadas y poner en ON el estabilidador de tu objetivo (si dispones de él), lo mejor es emplear una buena técnica de disparo, que básicamente se traduce en que te estés bien quietecito cuando le des al clic. Para ello, debes seguir unos sencillos consejos: separa levemente las piernas para guardar el equilibrio, pega los codos al cuerpo, agarra la cámara con firmeza, pégatela bien a la cara para mirar por el visor (lógicamente, si usas el móvil o una compacta con un visor microscópico, esto no tiene validez…) y contén ligeramente la respiración al presionar el obturador. Muchas veces, algunas fotografías parecen desenfocadas, pero si las miras de cerca verás que la causa de ello es una leve trepidación. Si sigues los consejos anteriores es muy probable que tus fotos no salgan movidas y que, al mismo tiempo, mejores tu técnica de enfoque.
Y aunque hay más cosas que contar sobre la velocidad de obturación, estos conceptos que te acabo de explicar son más que suficientes para que cojas tu cámara, salgas a la calle y hagas un millón de pruebas y me cuentes qué resultados has obtenido y qué dudas te han surgido. Mientras tanto, te dejo una foto en movimiento de mi hijo haciendo el mono en la tirolina. ¡Hasta la próxima!
Ahora te toca a ti…
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