¿Recuerdas que hace unas semanas hablamos en el blog acerca de la importancia que tiene el juego en el desarrollo de los enanos? Pues bien, en esta ocasión, el artículo del blog se va a centrar más concretamente en el juego simbólico, o sea, en aquellos juegos en los que el niño (o también el adulto) imita, representa, fantasea, etc., a través de juguetes o conductas de juego. Es decir, algo que te resultará tan conocido como jugar a cocinitas, a indios y vaqueros, a médicos… Por cierto, hoy me apetece un cambio de look. ¿Te apetece pasarte por nuestro salón de belleza particular?
Tal y como os comentaba hace un momento, el juego simbólico es aquel en el que se hace un uso predominante de símbolos, de forma que lo literal pierde importancia y lo real se transforma en imaginario. Por ejemplo, cuando tu hijo coge un palo alargado en el monte y lo agita peligrosamente delante de tu cara como si estuviera blandiendo una espada y grita “¡al abordaje!” mientras tú lo esquivas como puedes y lo único en lo que piensas es en conservar tus dos ojos dentro de sus cuencas…
El juego simbólico comienza aproximadamente a los dos años de edad y en un principio se traduce en imitar la vida cotidiana de los adultos, pero conforme su imaginación se hace más potente, el niño va representando otras situaciones, que le sirven incluso para representar sus deseos, sus miedos, etc.
Al comienzo, el juego simbólico suele desarrollarse junto a la madre o el padre para, posteriormente, de forma simultánea al desarrollo del lenguaje, ganar en complejidad y realizarse en grupo. La importancia de este hecho reside en que, mientras juegan, interactúan entre sí y desarrollan la imaginación y la creatividad, se expresan e intercambian emociones… van desarrollando su humanidad al fin y al cabo.
A mis hijos, un muy buen amigo mío les regaló un maletín de barbería con todo lo necesario para un buen afeitado: una brocha, el jabón, la navaja, un peine… Como esto del acicalamiento no entiende de sexos y en la caja había sitio de sobra para meter alguna cosa más, añadimos al conjunto de peluquero algunas barras de labios, sombras de ojos e incluso algún que otro pincel y un espejito que mi mujer ya no utilizaba. En definitiva, entre unas cosas y otras, conseguimos hacernos con nuestro propio set para las sesiones de chapa y pintura infantil. Eso sí, la otra cara de la moneda viene cuando se te acerca el enano y te dice con cara de bueno y voz angelical “¿jugamos a maquillarnos? Y ya te puedes imaginar quién acaba más pintado que una puerta…
Ahora te toca a ti…
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Seguro que tú también tienes en casa algún juguete con el que desarrollar este tipo de juego simbólico. ¡Cuéntamelo en los comentarios y dame alguna buena idea!
¿Te han gustado estas fotos…
y te apetece contratar una sesión de fotografía infantil y de familia para tener fotos originales de tus hijos haciendo lo que más les gusta?
Si es así, ponte en contacto conmigo y estaré encantado de que hablemos.
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