Ahora que tenemos recién estrenada la primavera, empieza a salir un poco el sol y los días son cada vez más largos, seguro que estás empezando a segregar serotonina a chorros y tienes ganas de pasar más rato en la calle. A mí me pasa igual, así que en cuanto podemos, nos organizamos con los monstruos y nos los llevamos de excursión a algún sitio. Pero tranquilo, que no hace falta romper la hucha ni dejar al rojo vivo la tarjeta de crédito para pasar un buen día en familia. ¿Quieres saber cómo?
Aunque tal vez aún no lo sepas, vivo cerca de Francia y con frecuencia cruzamos al otro lado de la frontera para cambiar de aires. Como seguro que ya sabes, el primer pueblo que te encuentras al cruzar el río Bidasoa es Hendaia. En Hendaia, junto al monumento al soldado desconocido, arranca un paseo peatonal y con bidegorri (carril bici para los que no sean de por aquí…) que bordea la bahía de Txingudi y llega casi hasta el extremo de la playa, al pie del cerro coronado por el castillo de Abbadia. A menos de un kilómetro del monumento, existe un área recreativa con una zona de patinaje, un campo de fútbol, una pequeña pista de BMX para bicicletas, un amplio parque infantil y una zona de césped con árboles y varias mesas. El campo de fútbol es de uso exclusivo para Les Eglantins, el equipo local, pero todas las demás instalaciones están abiertas y en buen uso. La zona de skate dispone de varias rampas y un área asfaltada muy amplia alrededor. La pista para las bicis es de tierra, y cuenta con curvas peraltadas y subidas y bajadas de distintos tamaños, pero todas muy seguras. La zona dedicada a parque infantil tiene un equipamiento que recuerda a un castillo, con varios niveles, un par de toboganes cerrados, una pasarela de cuerdas, barras para descolgarse, etc., así como una rueda giratoria donde caben una docena de críos y otro equipamiento con cuerdas a modo de tela de araña. También hay un balancín y otro juego más sencillo para los niños más pequeños.
Cuando hace buen tiempo, este conjunto es un espacio perfecto para coger las bicis o los patines, ir hasta el extremo de la playa, volver, jugar un rato en el parque y, lo más importante, gastar energías y hacer hambre antes del picnic. En esto, los franceses son grandes expertos y hasta tienen un verbo, picniquer, para nombrar esta forma concreta de almorzar. Una prueba de ello es esta famosísima foto de Cartier-Bresson de 1938…
Resulta curioso cuánto cambian algunas costumbres a un lado y a otro de una línea imaginaria que a los humanos nos da por dibujar en el suelo o por la mitad del cauce de un río. En efecto, al margen del idioma, los franceses hacen bastantes cosas de distinta manera a como las hacemos por aquí, algunas mejor y otras peor. Entre las que más molan está algo tan sencillo pero tan rico como el pan. Y es que, aunque no alcanzo a conocer el motivo, resulta sorprendente (y cabreante…) el salto de calidad entre los panes a uno y otro lado de la frontera. Y lo mejor de todo, al mismo precio o más bajo incluso que aquí. Además, a esto hay que añadir que, respecto del pan, los franceses no emplean el redondeo, así que si la baguette pesa lo que pesa y tiene que costar 83 céntimos, pues eso es lo que pagas, ni un céntimo más ni uno menos. Y el pan huele a pan, tiene muchos agujeritos y al día siguiente todavía está rico… pero no quiero dispersarme, que de pan ya hablaremos otro día. No obstante, aunque en lo del pan, en general, nos ganan por goleada, creo que no me equivoco si digo que nosotros les pegamos un soberano repaso en lo que a embutidos se refiere, y que por mucha fama que le quieran dar al jamón de Baiona, se queda a años luz de lo que puedes encontrar por la dehesa salmantina. Así que, como la diversidad es lo que nos engrandece y a mí me gusta mucho el mestizaje, qué mejor solución que comprar, por ejemplo en esta patisserie, algún croissant para comer durante el paseo y un par de barras (o tres o cuatro…) para el picnic, y llevarte lo demás desde tu casa. Doy fe de que, aunque no os guste demasiado estar en el parque con las fieras, la recompensa merece la pena. Lujo asiático… y por poco dinero.
Lo que está garantizado es que los monstruos se lo pasarán en grande, derrocharán energía y harán lo que tienen que hacer, que es jugar y respirar el aire de la calle. Os dejo unas cuantas imágenes de una de estas excursiones al parque de Hendaia. ¡Espero que os gusten!
Ahora te toca a ti…
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