¡Hola otra vez! En la primera clase del Curso de Fotografía para Padres te conté que, para eso de hacer buenas fotos, la cámara no es siempre la principal baza. En esta entrega, te hablaré sobre una de las partes más importantes de la cámara, el objetivo, y te explicaré por qué puede influir o condicionar la forma en la que haces fotografías. Así que, si estás preparado, vamos con la segunda clase de nuestro Curso de Fotografía para Padres: objetivos y distancias focales.
Para entendernos, el objetivo es el dispositivo que contiene el conjunto de lentes que forman parte de la óptica de una cámara. O sea, esto:
Habitualmente, las cámaras dirigidas a aficionados suelen venderse casi siempre equipadas con un objetivo de tipo zoom, que abarca un rango diverso de distancias focales. Sin entrar en excesivos tecnicismos, la distancia focal, expresada en mm, es la distancia que separa el centro óptico del objetivo del plano del foco, es decir, el plano del sensor que capta la imagen en el caso de una cámara digital o el plano de la película (el negativo) de las cámaras analógicas (las de carrete de toda la vida…). Para que lo entiendas, pondré un ejemplo sencillo: en mi caso, el kit de la primera cámara de fotos que compré, una Canon de carrete, incorporaba un objetivo zoom 28-80 mm y otro zoom 80-200.
¿En qué se traducen esos dos numeritos de los objetivos zoom? Básicamente, en que cuanto más pequeña es la distancia focal, en este caso 28, mayor ángulo de visión abarcamos, lo cual te puede venir genial si quieres fotografiar el espectacular paisaje volcánico de la isla de Lanzarote cuando estés por allí de vacaciones; por contra, cuanto mayor es la distancia focal, en este caso 200, menor será el ángulo de visión, lo cual nos permitirá llenar el encuadre con objetos lejanos, lo cual proporciona un efecto de acercamiento que les va de lujo a los paparazzis que quieren fotografiar a los famosos cuando están tomando el sol en las playas de Ibiza, por ejemplo.
Como ya he dicho, la mayor parte de cámaras vienen equipadas actualmente con objetivos tipo zoom. Sin embargo, las primeras cámaras réflex de objetivos intercambiables que se comercializaron solían venderse con un objetivo de distancia focal fija, que normalmente solía ser un objetivo de 50 mm, porque era una óptica sencilla y económica de fabricar. Por esta razón, el 50 mm se convirtió en el objetivo estándar o “normal”, y así se le conoce aún hoy en día. Así que, teniendo en cuenta que el 50 mm es el objetivo normal, a aquellos objetivos con una distancia focal menor de 50 mm, por ejemplo, 35, 24 ó 16 mm, se les denomina angulares. Estos objetivos, debido a que, como ya hemos dicho, abarcan un amplio ángulo de visión, tienden a distorsionar la perspectiva, por lo que hay que tener precaución al usarlos en fotografía de retrato porque pueden deformar los rasgos de las personas, aunque puede que a veces sea ese el efecto que buscamos.
Por otra parte, aquellos objetivos con una distancia focal superior a 50 mm, por ejemplo, 85, 135 ó 200 mm se les denomina teleobjetivos. Los teleobjetivos, al contrario que los angulares, comprimen la perspectiva, lo cual ayuda a reproducir de manera agradable los rasgos del sujeto.
¿Cuál es entonces la “virtud” del 50 mm? La ventaja de este objetivo es que es un “chico para todo”: tiene un angulo de visión suficiente para abarcar una escena relativamente amplia y, a su vez, tiene un carácter de teleobjetivo corto apto para retrato. Además, las imágenes que se obtienen con él se parecen mucho a las que ven nuestros ojos de forma habitual, por lo que las fotografías hechas con un 50 mm son interpretadas por nuestro cerebro con familiaridad. Por estas razones, el 50 mm ha sido durante muchos años el objetivo en el que muchos fotógrafos depositaron su confianza para realizar gran parte de su trabajo. No obstante, la familiaridad con la que asumimos las imágenes tomadas con un 50 mm juega a veces en su contra, puesto que las hacen parecer algo convencionales. Este motivo hace que objetivos angulares moderados, como el 28 o el 35 mm, con un ángulo de visión ligeramente mayor, se usen también muy a menudo en la fotografía documental, debido a que las imágenes tomadas con él, al observarlas, provocan la sensación de estar inmersos en la acción.
La primera cámara Leica de Cartier-Bresson, con un 50 mm.
De Les Hotels Paris Rive Gauche – AlainB
Flickr: Cartier-Bresson’s first Leica
CC BY-SA 2.0
Ahora pensarás, “vale, eso del 50 mm está muy bien, pero lo del zoom es muy cómodo, porque me permite acercarme al sujeto o alejarme de él con un toque de dedo o un giro de muñeca”. Cierto, tienes toda la razón, pero la comodidad nos hace vaguetes, con perdón, y si somos vagos no nos salen buenas fotos. Por eso, uno de los mejores hábitos que puedes adquirir y ejercitar en tus excursiones fotográficas es “abonarte” a una distancia focal (te aconsejo el rango entre 35 y 50 mm), y disparar todas tus fotos sin tocar de nuevo el objetivo. Esto facilitará que cuando tengas que componer tus fotografías, es decir, rellenar el encuadre con el trocito de mundo que ves a través del visor, necesitarás moverte, acercarte, alejarte, agacharte (que para algo tenemos rodillas…), tirarte al suelo, subirte a una silla, lo que sea necesario, con tal de que todo quede en su sitio y obtengas una buena toma. Conforme hagas más y más fotos, tu cerebro se irá acostumbrando a ver el mundo a 35, 40 ó 50 mm, lo cual te facilitará progresivamente el ejercicio compositivo y otorgará consistencia a tu obra fotográfica. Así que, ya sabes, con girar un poco el barril del zoom (o darle un toquecito al botón correspondiente en una cámara compacta) para reducir un poco el ángulo de visión y aproximarse a esos 35 ó 50 mm, y no volver a tocar el objetivo, darás un pequeño gran paso para ir mejorando tu fotografía. Esto mismo lo puedes hacer también con la cámara de tu teléfono móvil, puesto que algunas aplicaciones para toma de fotografías, como Cámara FV5, indican, al hacer zoom con los dedos, la distancia focal equivalente de la fotografía que estás tomando en ese momento.
No obstante, después de leer todo esto puede que os dé por pensar que de repente necesites un objetivo fijo para que tus fotografías mejoren. No te lleves a engaño, no hace falta que rompas la hucha. Aunque los objetivos fijos tienen grandísimas virtudes, la mayoría de los zooms que se venden en kit con el cuerpo de una cámara réflex cubren de sobra las necesidades que cualquier aficionado, incluso algo avanzado, pueda tener. Eso sí, puede que, conforme vayas ampliando tus conocimientos y mejorando tu técnica, te pique el gusanillo y quieras hacerte con un objetivo mejor que el que ya tienes. En tal caso, no te vuelvas loco, no hace falta que vendas parte de tu hígado para comprar ese megaobjetivo profesional ultraluminoso e hipersellado a polvo y agua que valoran como excelente en todas las reviews que has encontrado por internet. Relájate, vas a sacar fotos a tus críos y, lo más importante, quieres disfrutar con ello. Es probable que si adquieres un objetivo de 1.000 € estés más pendiente del cristalito que de los chavales, lo cual es un mal negocio. Además, casi todas las marcas ofrecen productos bastante asequibles con un rendimiento óptico fantástico que te darán enormes alegrías. No obstante, en caso de que sigas obsesionado con esa nueva adquisición, te recomendaría, efectivamente, un objetivo fijo, puesto que, habitualmente, en comparación con los zooms, son más pequeños, más ligeros, más luminosos (dejan pasar más luz) y, en general, tienen un rendimiento óptico global mejor, puesto que son “especialistas” de la distancia focal para la que han sido diseñados.
Resumiendo, los zooms molan, pero los fijos molan más. Y recordad, los mejores zooms que puedes emplear son los que te ha dado la evolución y que tienes al final de tus piernas. Se llaman pies. Úsalos, sal a la calle y disfruta de la fotografía.
A continuación te dejo unas cuantas fotos, todas ellas hechas con un objetivo fijo de 40 mm de distancia focal, pequeñísimo, ligerísimo y baratito, que es el que suelo usar más a menudo para hacer fotos en el parque o en las excursiones familiares.
¡Nos vemos en la siguiente lección!
NOTA: Las distancias focales, convencionalmente, se entienden referenciadas a un tamaño de sensor equivalente al fotograma del negativo de la película analógica, o sea, los carretes de toda la vida. La mayor parte de las cámaras digitales dirigidas al sector aficionado que se venden actualmente tienen un sensor de menor dimensión que estos negativos. Por esta razón, para conocer la distancia focal equivalente del objetivo de una cámara, hay que realizar una pequeña conversión, que varía en función del tamaño del sensor de cada cámara. Así, un objetivo zoom muy típico, el 18-55 mm, para cámaras con sensor APS-C, equivaldría, aproximadamente, a un 28-88 mm en una cámara de carrete convencional de 35 mm.
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